Bajo un cielo de madera
Como siempre que se plantea un proyecto moderno y rompedor, el complejo Metropol Parasol generó un intenso debate en la ciudad. Pero con el paso de los años este enorme complejo de la Plaza de la Encarnación se ganó el corazón de sevillanos y visitantes. Conocido comunmente como Las Setas por su forma de enormes champiñones, este complejo es uno de los lugares más fotografiados de la ciudad y su mirador en altura nos permite ver la ciudad en 360 grados a cielo abierto desde el corazón del Casco Antiguo.

En su interior guarda la Plaza de Abastos, pero también el Antiquarium, un conjunto de restos y mosaicos romanos del antiguo foro de Hispalis que es una visita fundamental para conocer el esplendor romano de la ciudad. Toda la zona fue reurbanizada y tiene la singularidad de ser una plaza partida por la circulación del tráfico. Los bancos de esta plaza son semicirculares y corridos, y a la sombra de los árboles de la plaza podemos escuchar el sonido de los juegos de los niños y el rumor de la fuente de piedra. Una fuente que tiene más historia de lo que parece. Realizada en mármol blanco, esta fuente se instaló en 1720 para surtir de agua a la población. Desde aquella época, desapareció el convento, el monumental mercado y los tranvías. Pero ella queda como último testigo y como la fuente pública más antigua de Sevilla. Si miramos las cartelas que presiden su pilar central, leemos parte de su historia itinerante.
Muy cerca de la fuente, podemos ver otro de los grandes azulejos de la ciudad. Sobre el lateral de la Iglesia de la Anunciación, templo de la antigua universidad literaria, vemos retratado al Cristo de la Buena Muerte sobre un fondo de azules intensos, recordando que esta obra maestra del imaginero Juan de Mesa estuvo en esta iglesia hasta que fue llevado a la capilla universitaria, aledaña al Rectorado de la Universidad de Sevilla –que ocupa la vieja Fábrica de Tabacos de Sevilla–.


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